Ser su mejor amigo
Por: Carlos “El Samurái” González
Nadie enseña a un padre la manera de serlo, así como tampoco nadie enseña a un hijo la manera de ejercer su infancia. Sólo se es lo que se tiene que ser. Sin embargo, el niño por el hecho de ser niño trae en su “sistema operativo preinstalado” una habilidad natural que extrae de todo lo que encuentra conocimiento puro: curiosidad extrema. El niño nace con un don más: la inocencia. Ambas virtudes contrastan con los años de actitudes, vicios, traumas y experiencias que llega a cuesta un adulto (en el mejor de los casos) al convertirse en padre o madre de un crío.
Los padres, a pesar de convertirnos en ello por el simple acto natural de engendrar, no somos, sin embargo, naturales en el acto de criar y formar una vida propicia a nuestros pequeños. Los críamos con amor mayormente, pero con ignorancia. ¿Qué debe de comer y a qué hora? ¿Pañales de tela o desechables? ¿Leche materna o de fórmula? ¿Cómo se baña a un bebé? Y muchas veces nos fiamos de la experiencia de las abuelas para esos menesteres. Lamentablemente no todo se resume a pañales y leche. La vida de un bebé es sólo la punta de una flecha que penetra en la historia y puede ser para bien o para mal, dependiendo de cómo sea lanzada.
Debemos, entonces, buscar el bienestar de los hijos acomodando nuestras prioridades: tiempo con ellos antes que tiempo con el trabajo, aprender a escucharlos porque aun siendo pequeños son personas con derechos y libertad de expresión, la responsabilidad de darles un ambiente seguro y amoroso dónde crecer, y la prioridad de vivir en una familia estable, lejos de vicios y violencia de cualquier tipo.
¿Es mala la TV o la Internet? Desde luego que no, pero dosificada y con la compañía de los padres, interesados por los gustos y dudas de los hijos. ¿Temores a la muerte, a la vida y a los problemas pequeños que les parecen tan grandes? Se resuelven dejando de reírnos de su “simpleza” según nuestros ojos, comenzando a caminar unidos para vencerlos, tratando de encontrar explicaciones juntos o simplemente enfrentando la vida lado a lado.
El mejor regalo para tu hijo en este día del niño, no es dinero, una computadora portátil, un paseo caro o un juguete de moda. Eres tú, papá o mamá, su mejor amigo.
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