Proverbios sobre el trabajo
En un tiempo en el que el desempleo es el ‘pan de cada día’, vale la pena reflexionar acerca de la importancia del trabajo, de esa actividad que a diario, de sol a sol para muchos, nos compromete y nos remunera económica y profesionalmente.
Desde pequeños la mayoría de los seres humanos experimentamos el valor del esfuerzo y sus resultados. Sea en casa recogiendo los juguetes o fuera de ella, ayudando a nuestros padres en su pequeño o gran negocio que lleva la comida a casa. Más grandes, las labores escolares y los trabajos de medio tiempo nos enseñan a estimar los efectos de ser constante y disciplinado (a). Cuando llegamos a la adultez la actividad laboral se convierte en un estilo de vida, en una rutina que, con frecuencia, nos atrapa y nos aleja de lo más importante: Dios y la familia.
Con todo, se puede lograr el equilibrio, ese que nos ayuda a entender que somos seres integrales que requerimos superarnos en todas las áreas, una de ellas, claro está, el trabajo.
La Biblia, en el libro de Proverbios (el libro de la sabiduría) nos habla de que el trabajo es parte de la vocación humana. El hombre sin trabajo deja de ser humano, Dios mismo nos constituyó como gente esforzada, ya que fuimos creados a su imagen y semejanza.
En Proverbios 12.27 señala: “El diligente abunda en riqueza”, y afirma en 13.4 que “el que trabaja prospera”. También menciona en 12.24 que “el que trabaja dominará; el perezoso será dominado”.
De una forma más clara afirma el proverbista que “para el perezoso el camino está lleno de espinas; para el hombre recto el camino es amplia calzada” (15.19). En otras palabras, la perspectiva de uno y otro es sumamente distinta; mientras el flojo ve obstáculos en todos lados cuando se refiere al trabajo, el trabajador lo mira todo como una oportunidad para crecer. En una ocasión conocí a una joven de 35 años, soltera, viviendo en casa de sus padres, sin nadie que dependiera económicamente de ella, que nunca tenía dinero porque nunca duraba en un trabajo. Cuando conversamos le planteé varias opciones para que ella creciera laboralmente, le hablé de trabajar en algo que le gustara, de hacerlo en donde mejor le pagaran, de buscar un empleo de medio tiempo y ocupar la otra parte del día a desarrollar su propio negocio, de iniciar su negocio desde ya, en fin, un sinfín de posibilidades. La plática duró más de una hora y en todo ese tiempo, todas y cada una de las propuestas fueron rechazadas porque todo era complicado, imposible. Mientras la amiga que me acompañaba y yo veíamos todo con una óptica de oportunidad y crecimiento, la otra chica no veía más que piedras en el camino.
Esta anécdota nos muestra que la actitud hacia el trabajo determina lo mucho o lo poco que podamos tener. Mucha gente comienza con poco su propio negocio y con el tiempo, a base de constancia y lucha, logran proveerle de un buen patrimonio a sus hijos, en incluso a sus nietos. Dios nos creó con un ‘gen de trabajo’, así que, NO HAY PRETEXTO.
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