Proverbios sobre el egoísmo
Por: Priscila Barredo Pantí
Vivimos en una era del “¡Sálvese quien pueda!”, eso de “¡los niños y las mujeres primero!” ha pasado a la historia. Hoy, cada quien vela por sus propios intereses sin considerar los de los demás. Ya no preocupa si con nuestros actos lastimamos o estorbamos las empresas, los proyectos, e incluso, la vida de una persona o grupo de personas. Nos hemos adaptado a la época del café express, de la comida rápida, del horno de microondas, a la comunicación inmediata por celular, radio e Internet; y, por supuesto, a las compras online. Y es que ya no tenemos tiempo para nada, todos los días el reloj nos avisa que, una vez más, vamos con los minutos justos, o tarde. Entre el trabajo, la familia, los estudios, los proyectos, las reuniones, y demás ocupaciones, apenas tenemos unas cuantas horas para dormir, y eso si no nos pasamos la noche en vela resolviendo asuntos de la oficina, del negocio. Y si apenas tenemos algo de tiempo para nosotros, ¿cómo vamos a tenerlo para los demás? “¡No es posible!”, pensamos, y con esa mentalidad reordenamos nuestra agenda de prioridades y colocamos a los compañeros, los amigos, la pareja y la familia en último plano, porque en últimas, “ellos entienden”.
Entonces, nos convertimos, cada vez más, en personas egoístas que se escudan bajo la frase “es que si yo no velo por mis intereses, ¿quién?”. Cierto, pero si nos detenemos por un momento a reflexionar en nuestras motivaciones quizás, y muy probablemente, muchos de nosotros, lleguemos al punto de admitir que, en el fondo, es porque ya no queremos ocuparnos, ni involucrarnos con nada ni nadie que nos reste tiempo para nosotros mismos. Ya no queremos escuchar, y nos deleitamos siendo atendidos por los demás. No le encontramos sentido a un encuentro amistoso que no involucre ganancias, sean a nivel profesional o personal.
En todos estos años he podido observar muchas “conversaciones” entre amigos o parejas, concentradas, constantemente, en el tema de una sola persona. Así también en los proyectos y negocios. Alguien que es egoísta, no necesariamente va a demostrarlo con prepotencia o altanería, igual puede manifestarlo con dulzura y serenidad, el punto cave en esto es que, como sea que lo haga, tendrá la costumbre de hablar de sí mismo, de lo que le pasa, de lo que le interesa, de lo que necesita y de lo que sueña. Si consigue escuchar por un momento a su interlocutor, desviará, nuevamente, la plática a lo que le importa.
Dice Proverbios “El egoísta sólo busca su propio interés, y se opone a todo buen consejo” (18:1). El amor, la sinceridad, la veracidad, no forman parte de la escala de valores del egoísta. Coloquialmente, una persona que sólo piensa en sí misma debe identificarse con la siguiente frase: “Primero yo, después yo, y siempre yo.”
De tal manera que, por sanidad personal, sentido común y amor, debemos procurar la reciprocidad en todo momento. Habrá tiempos en los que nos toque escuchar más que hablar, y tiempos en los que tengamos y necesitemos desahogarnos, expresarnos. Porque de eso se tratan las relaciones interpersonales, de dar y recibir, porque al final del día, son los que están a nuestro lado los que nos sostienen en esta travesía, y nosotros a ellos.
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