Pensando en la Revolución Mexicana
En este momento y bajo las condiciones difíciles que atraviesa nuestro país, hablar de la Revolución Mexicana es anhelar y suspirar por aquellos caudillos e ideólogos que, sin importarles dar su propia vida, se avalanzaron en contra del sistema para hacer valer los derechos de millones de mexicanos que se encontraban hundidos en la miseria y la injusticia.
Hablar de la Revolución Mexicana es evocar a aquel ilustre pensador, Francisco I. Madero; al luchador de las causas agrarias, Emiliano Zapata; al justiciero y defensor de los pobres, Francisco Villa; al defensor de la soberanía nacional, Venustiano Carranza, y a miles de mexicanos que habían llegado hasta el hartazgo de tanta pobreza y humillación.
Los postulados de justicia social que fueron planteados con la Revolución Mexicana no se han cumplido, ya que aún predomina la pobreza, el hambre y la marginación; todavía existe una élite en el poder que corrompe las arcas, que se sirve con la cuchara grande, abusando de la confianza que les depositan sus electores. Continúa un grupo de ricos que acaparan el mercado nacional con sus empresas que han alcanzado fama y prestigio, logrando que las mayorías empobrecidas y clasemedieras consuman sus productos.
Ahora bien, resulta necesario entender la Revolución Mexicana como el fin de una administración que inició Porfirio Díaz en 1877, cuando tomó el poder. A partir de entonces realizó diversas transformaciones del país, ya que extendió la red de ferrocarriles por todo el país, así como las líneas telegráficas; también se les dieron todas las facilidades a los capitales extranjeros, con lo que la industria textil y minera alcanzaron un auge inusitado. Durante el porfiriato, las exportaciones crecieron en un 300 por ciento.
Si comparamos la época del porfiriato con la actual, notaremos que no existen grandes diferencias, pues seguimos con grandes índices de pobreza, marginación, desempleo, inseguridad, dificultad para acceder al derecho de la educación gratuita, etc.
A un año del centenario de la Revolución Mexicana, sin duda, no hay mucho que celebrar. Es momento de dejar atrás ese discurso institucional lleno de banalidades y buscar una alternativa a los problemas nacionales que el Presidente Calderón intenta tapar con mentiras.
Ya basta de celebraciones insulsas y sin sentido, es tiempo de actuar, es tiempo de resultados no de promesas y sentimentalismos.
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