John, el Maletero que quiso ser Alcalde

Oleh: editor
January 23, 2010

Cuando se confunde la lealtad con la idolatría, la política se convierte en un monstruo difícil de gobernar.
Había una vez un tren que llevaba un rumbo fijo y con destino a gobernar un gran estado. Este tren era conducido por un gran maquinista cordobés, y en el camino fue seleccionando sus operadores para un mejor servicio. Entre su equipo, había un maletero llamado “John” que no servía para otra cosa más que para abrir maletas y sustraer los objetos ajenos de los pasajeros.
Para fortuna de muchos, el Maquinista, cansado de tantas quejas y robos de tal maletero, lo echó del tren, no con violencia ni con enojo. Simplemente… lo bajó. Por desgracia lo dejaron tirado cerca de las vías de la estación del ferrocarril de nuestro bello Perote. Ahí, confundido por el golpe, sin atinar por qué lo habían abandonado, tocó las puertas de las casas cercanas a la vía por el rumbo de la calera. Nadie le abrió, ni siquiera los empleados que siempre atentos están pendientes de cualquier necesitado que pase por ahí. Se dirigió a varios ciudadanos, engañándolos con el cargo tan “flamante” que tuvo en la Secretaría, a otros, con la cercanía familiar de gente que sí le sabe a la política y a otros pocos los embaucó con una remedo de organización empresarial cuando nunca ha manejado ni su destino.
Sus asesores y encantadores, de ya avanzada edad, dinosaurios que han sangrado a miles de campesinos y embargado cientos de hectáreas a aquellos que las necesitan, lo siguen alentando con la melodía que sale de la flauta de los negocios ilícitos y el odio a los que se han encumbrado por medio del esfuerzo real en la palestra política estatal. Es tanta su ceguera que con “Zanahorias” quiere hacer campaña creyendo que está en tierra de conejos.
Lo bueno es que su pasado es tan negro y conocido por todos, que cuando pide ayuda, le dicen que “sí” tendrán su apoyo movidos por el temor a que desenfunde las armas que portaba cuando adolescente. Muchas historias negras, muchas reales, muchas lo persiguen y lo van a alcanzar.
En los últimos días se dio el lujo de cometer otro ilícito que, afortunadamente, las familias peroteñas no permitirán que quede impune y que no se “viole” la ley.
Cuando se preguntó en la capital, al Maquinista de Córdoba, acerca de las aspiraciones políticas de su antiguo maletero del tren, meneó la cabeza, omitió la respuesta y se concretó a mostrar su apoyo al Legislador Local y respeto al Legislador Federal.

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