Alejandro Fernández da nalgadas a la dignidad de la mujer
Por: Carlos “El Samurái” González
Tal parece que, o la sabiduría popular está equivocada, o ya no existe respeto en la cultura popular por los principios más simples y básicos. No ocultaré mi indignación, y no es por aumentar la polémica ni por promover lo que trato en esta columna, sino por recordar algo que debería ser principio fundamental de la sociedad. Dice el dicho que a la mujer “no se le toca ni con el pétalo de una rosa” y sin embargo, parece que a Alejandro Fernández y a Joan Sebastian les parece gracioso no sólo usar rosas para desquitarse con violencia; ellos proponen cómicamente usar “pencas de nopal” para dar “unas nalgadas” a la mujer abusiva.
La canción “Unas nalgadas”, reciente lanzamiento en el proyecto musical “Dos mundos” de “El Potrillo” es una clara expresión de desquite, de venganza ante el despecho. Plantea el abandono de una mujer, razón por la que el hombre se defiende como todo un macho, amenazándola con dejarla sin un peso y golpearla con pencas de nopal o arañarla con las espinas de maguey.
¿Es justificable responder a la agresión de una mujer con golpes? De ninguna manera, no obstante, esta canción lo justifica. Si un hombre es agredido por la mujer, debe responder por las vías legales dispuestas para ello, de igual modo la mujer, pues toda violencia en la pareja es repudiable y, si bien se puede dar el caso de perder el control emocional, la continua repetición de estados de agresión y violencia emocional, psicológica o física merecen atención profesional y, en muchos casos, la intervención legal de las autoridades para la protección de la persona agredida.
Alejandro Fernández se ha defendido diciendo que “nunca ha cantado contra las mujeres” y que esta canción “le pareció graciosa”. ¿No es mejor nunca cantar a favor de ello? ¿No es acaso darle pretextos a los millones de machos en este país para justificar sus acciones deplorables y humillantes? Se compara esta canción con las de Paquita “la del barrio”, dónde se llama al hombre “rata inmunda, animal rastrero”; pero no es lo mismo, sobre todo porque normalmente la mujer centra su enojo ante la violencia, el abandono o el engaño en un ataque verbal a la “figura masculina” y es que, aunque existan casos de violencia física de la mujer al hombre, regularmente es el hombre quien con cualquier pretexto abusa de la mujer.
Aunque el ganón sea Alejandro Fernández al desatar la polémica con su canción, debemos oponernos a que la cultura popular siga exaltando estos actos repudiables que los intérpretes seguramente no ven mal por alguna razón que desconozco. Lo que sí es verdad, es que si a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa, menos con la espina de un maguey. Señor Fernández, no se haga güey, pida perdón y borre su canción.
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