Sobre el poder, el machismo y otros demonios
El pasado domingo 8 de febrero, estuve siguiendo el proceso electoral de Costa Rica, y luego de que los resultados arrojados por el Tribunal Supremo de Elecciones dieran la indiscutible victoria a Laura Chinchilla, colocándola como la primera Presidenta de su nación y la novena en Latinoamérica, reflexioné acerca del liderazgo femenino en países con altos índices de machismo y misoginia (odio a la mujer)… en países como México.
Y es que, como en otras ocasiones he escrito, México suele llegar tarde a las reformas sociales y económicas, mientras que el resto de Latinoamérica y El Caribe, avanza con menos letargo hacia el progreso y el desarrollo. Es así que Isabelita Perón gobernó en Argentina de 1974 a 1976 seguida por la boliviana Lydia Gueiler Tejada entre 1979 y 1980, después fue el caso de Haití de tener a su cabeza a Ertha Pascal Trouillot, Nicaragua vivió la presidencia de Violeta Chamorro entre 1990 y 1997, Janet Jagan gobernó la Guyana entre 1997 y 1999, y Mireya Elisa Moscoso de Arias fue jefa de Estado de Panamá de 1999 hasta el 2004. En el 2001 Sila María Calderón, se convirtió en la primera presidenta elegida de este país. Solamente la Guyana, Nicaragua, Puerto rico y Panamá tuvieron presidentas elegidas por las urnas, las demás eran interinas que en la mayoría de los casos asumieron la vicepresidencia tras la muerte de sus maridos. Las últimas Presidentas de Latinoamérica han sido Michelle Bachelet, en Chile y en 2007, Cristina Fernández se convirtió en la segunda presidenta de Argentina y en la primera en ser electa.
Todavía falta mucho camino por recorrer en materia de equidad de género, no obstante, los triunfos obtenidos por mujeres en puestos de poder refleja que la aceptación ciudadana en relación al liderazgo femenino ha crecido en comparación con décadas anteriores. De hecho, entre las explicaciones que dan algunas expertas se señala que la razón principal por la que las mujeres están alcanzando puestos políticos a los que antes no podían llegar es que, desde hace un tiempo, un número mucho mayor tiene acceso a la educación superior. “La gente está aceptando más a las mujeres en posiciones que estaban asociadas a los hombres. Ahora les importa más el desempeño como individuo, más allá del sexo. Y parece que confían cada vez más en mujeres capacitadas” (Liswood6 en Almendáriz, 2005:2A).
Con todo, a pesar de que en países como México se “respeta” la impuesta cuota de género, la creencia masculina (principalmente) sigue siendo que las féminas no estamos capacitadas para asumir el poder y la toma de decisiones. Esto debido a que, según ellos, muchas de nuestras características como la dificultad para ejercer una dirección autoritaria, la prioridad afectiva y la sensibilidad, resultan contraproducentes para gobernar.
Sin embargo, esos rasgos que nos enmarcan son perfectamente compatibles con los nuevos estilos de liderazgo. El que se define por ser abierto, no competitivo, innovador, flexible, consultivo, comunicativo, colaborativo, persuasivo y cooperativo (más que impositivo o competitivo). De ahí, que los poíticos de la vieja ola (formados bajo la escuela de autoritarismo), en la actualidad sean catalogados como gobernantes ineficaces y lejanos, sin credibilidad alguna.
Incluso, los estudios internacionales acerca de las mujeres que ocupan puestos destacados en el espacio político coinciden en que éstas suelen ser más democráticas que los hombres, más atentas a los temas sociales, mejores para tomar decisiones y más honestas que los hombres. Esperemos y luchemos para que la equidad y las cuotas de género no sean parte del discurso político, sino que todas y todos lleguemos al pleno convencimiento de que la participación de la mujer en los cargos públicos beneficiará a la sociedad que clama por una mejor calidad de vida, la cual se pelea con sensibilidad, compromiso, extrategia… ¿y por qué no? con ese sexto sentido que nos ha conseguido grandes victorias.
Popularity: 5% [?]